El martes 19 de agosto, nuestra comunidad escolar conmemoró el Día de la Solidaridad, inspirada en el legado del Padre Alberto Hurtado, quien dedicó su vida a acompañar con alegría y compromiso a quienes más lo necesitaban. Su testimonio sigue alentando en nuestras y nuestros estudiantes una fe activa, capaz de traducirse en acciones concretas de servicio.
Durante la jornada, cada ciclo vivió experiencias formativas adaptadas a su etapa, que invitaron a mirar al otro con compasión, gratitud y responsabilidad compartida.
En el 1° Ciclo, niñas y niños de Caminantes a 2° Básico conocieron las vidas de San Ignacio y del Padre Hurtado como amigos de Jesús, a través de cuentos, juegos y películas que despertaron en ellos actitudes de servicio. Además, realizaron diversas manualidades que serán entregadas junto a las viviendas transitorias que construirán los III Medios en su Experiencia de Servicio.

















En el 2° Ciclo, los cursos de 3° a 6° Básico reflexionaron sobre la vida del Padre Hurtado, participaron en juegos colaborativos, crearon afiches con acciones solidarias cotidianas y elaboraron productos como marcos de fotos, calendarios y utensilios de madera. La jornada finalizó con una liturgia guiada por Pastoral, que propuso una pausa ignaciana para agradecer lo vivido y proyectar nuevos compromisos.












En el 3° Ciclo, los niveles de 7° Básico a IV Medio vivieron experiencias solidarias dentro y fuera del colegio.
Las/os estudiantes de 7° y 8° Básico diseñaron y construyeron huertos verticales y muebles para ser donados a las viviendas transitorias construidas por los III Medios.








Por su parte, los cursos de Enseñanza Media visitaron distintas instituciones que acogen a personas mayores, en situación de discapacidad o vulnerabilidad social, compartiendo su tiempo, creatividad y escucha atenta. Estas visitas buscaron generar espacios de encuentro y aprendizaje recíproco, desde el respeto y la dignidad.
















Agradecemos a todas y todos quienes hicieron posible esta jornada, que nos recuerda que la solidaridad no es un gesto puntual, sino un modo de vivir que nos invita, cada día, a preguntarnos con honestidad: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? (San Alberto Hurtado, S.J.)