Entre el 31 de julio, Día de San Ignacio de Loyola, y el 19 de agosto, Día de la Solidaridad, nuestra comunidad educativa vivió con alegría y profundidad el Tiempo Ignaciano 2025, una experiencia espiritual, formativa y comunitaria que nos invitó a reconocer en San Ignacio y el Padre Hurtado modelos de fe activa, discernimiento y compromiso con los demás.
Desde los más pequeños hasta IV Medio, pasando por educadores y funcionarios, participamos de múltiples actividades que permitieron hacer vida nuestro sello ignaciano a través de experiencias significativas.
Desde preescolar a IV Medio: experiencias con sentido
Cada nivel vivió el Tiempo Ignaciano según sus etapas y posibilidades, con propuestas adaptadas que combinaron oración, juegos, creatividad, reflexión y acciones solidarias:
Preescolar: descubrieron a San Ignacio y al Padre Hurtado como amigos de Jesús, a través de dinámicas como la mochila del amigo que ayuda y la camioneta verde de la alegría.
1º a 4º Básico: reflexionaron sobre las decisiones cotidianas desde el ejemplo ignaciano con el Camino de decisiones, y luego expresaron su compromiso a través de cartas y dibujos al Padre Hurtado.
5º a 8º Básico: participaron en el juego Pasapalabra Ignaciano, profundizando de forma lúdica en la vida y legado de San Ignacio, y vivieron la experiencia Contento Señor, Contento, conectando con la alegría y compromiso del Padre Hurtado.
Enseñanza Media: a través de lecturas, su participación en el juego Pasapalabra Ignaciano, el trabajo en equipo y espacios de discernimiento, profundizaron en cómo la espiritualidad ignaciana puede orientar sus decisiones y dar sentido a sus vidas.
Además, todos los niveles realizaron oraciones diarias con materiales entregados por Pastoral, que incluyeron frases clave, preguntas para el corazón y símbolos que acompañaron la experiencia.
Tiempo Ignaciano para funcionarios
Nuestro equipo de funcionarios también participó de una actividad formativa y reflexiva, donde recorrieron de manera lúdica las etapas fundamentales de la vida de San Ignacio. Fue un momento de encuentro y renovación del sentido vocacional de nuestra labor educativa.
El Tiempo Ignaciano 2025 nos recordó la importancia de realizar acciones concretas que expresen nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro deseo profundo de ser personas para y con los demás.